El Presidente cerró el coloquio empresarial en la misma semana que se anunció el congelamiento de precios y se conoció un fuerte salto inflacionario; por segundo año consecutivo, disertó en el evento a contramano de la tradición que supo imponer el kirchnerismo.
“Somos una sociedad con bandos en pugna y ya es hora de que tratemos de profundizar nuestros acuerdos y minimizar nuestras diferencias”, afirmó hoy el presidente Alberto Fernández en el cierre del 57° Coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA) en el Centro Costa Salguero. Con un fuerte mensaje y críticas a la oposición, el jefe de Estado brindó un discurso en un clima de gran expectativa en el sector privado, después de que su Gobierno anunció un congelamiento de precios de más de 1200 productos durante tres meses y se conoció un fuerte salto en el índice de inflación de septiembre.
A lo largo de su discurso, Fernández envió un contundente mensaje al sector empresario a quien le pidió que haga “ su aporte” en medio de la crisis económica con el objetivo de contener los precios. “Hemos visto que en septiembre y en lo que va de octubre los precios de los artículos de la canasta familiar se han incrementado de manera incomprensible. Debemos encontrar el punto de equilibrio para que esa suba cese. Queremos hacerlo en acuerdo con los industriales y cadenas comercializadoras”, señaló el mandarario.
Y rápidamente advirtió: “Pero sepan que seremos inflexibles en esta materia. El pueblo argentino no puede ser la víctima de la especulación y ambición de algunos. Una sociedad donde unos pocos ganan y millones pierden, no es una sociedad. Es una estafa”.
“La Argentina está saliendo de un momento único: una pandemia que arrasó economías, empresas y puestos de trabajo y acabó con millones de vidas. El vértigo de lo vivido no nos ha permitido reflexionar. Hoy después de muchos cuidados y de vacunas, somos sobrevivientes y semejante privilegio nos exige reflexionar ya no sobre lo ocurrido, sino que nos impone el deber de construir una sociedad de nueva, donde el desarrollo sea constante y la justicia social deje de ser una consigna para convertirse en realidad”, señaló Fernández.
En esa línea, prosiguió: “Creo oportuno convocarlos a unir esfuerzos en la construcción de esa nueva sociedad. Soy el Presidente de todos. Sé muy bien que somos desde hace años una sociedad con bandos en pugna, tirando cada uno de una punta de la soga. De ese modo, logramos que las fuerzas se contrarresten”.
Ante la situación planteada, Fernández propuso: “Ya es hora de que tratemos de profundizar nuestros acuerdos y minimizar nuestras diferencias. No se trata de unificar ideas, pero la pluralidad debe ser sifónica para que la armonía haga sonar muy bien al sistema democrático”.
El jefe de Estado planteó entre los principales problemas a resolver de forma conjunta el de la desocupación. Propuso hacerlo a partir de la creación de empleo genuino y sostuvo que “la asistencia del Estado no puede ser el remedio” ante dicha situación, sino solo una medida paliativa. “No existe otro remedio que la inversión privada para lograr un desarrollo sostenible, esa ha sido nuestra convicción desde siempre”, manifestó.
En su discurso, reivindicó la lucha del kirchnerismo contra la desocupación y la asignación de planes y criticó al gobierno del expresidente Mauricio Macri por la multiplicación de la ayuda estatal y la toma de deuda. También cuestionó en duros términos la propuesta de algunos referentes de la oposición de poner fin a las indemnizaciones por despido.
En contraposición, aseguró: “Si algo caracterizó al espacio político que hoy gobierna la Argentina es la promoción de la inversión empresaria y creación de empleo, por eso estamos disponiendo a través de un decreto marco un sistema que posibilite que los que hoy son beneficiarios de planes sociales puedan ser empleados en la actividad privada sin perder ese derecho”.
En el tramo final de su discurso, señaló: “Hoy el desafío es el desafío es escucharnos. Debatir. Encontrar acuerdos. Estamos todos en un mismo barco. La pandemia ya nos enseñó que nadie se salva solo. La Argentina necesita de empresarios que sean los primeros trabajadores. Sin lobby y con creatividad. Sin especulación y con producción. Sin codicia y con solidaridad. Enrique Shaw decía que una empresa es como un barco: el descuido de uno puede llevar a todos a pique. Pensemos la Argentina de ese modo. Podemos hacer un país mejor”.