El Mundo de los Municipios

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El Guaviare, departamento al sur-oriente de Colombia en donde los pastizales ganaderos se encuentran con la selva vírgen de la cuenca del Amazonas, ha comenzado a recibir grupos de turistas tras la desmovilización de los excombatientes de la guerrilla más grande del continente y luego de la reactivación económica post-pandemia.

Colombianos, franceses y alemanes llegan atraídos por la biodiversidad, las pinturas rupestres que datan de más de 10 mil años, las impresionantes cascadas y los pozos naturales anteriormente invisibilizados por el conflicto armado y el temor a los secuestros. En el Guaviare se siente el compromiso con la paz de miles de excombatientes que, junto a varios campesinos de la región, dejaron de sembrar matas de coca, materia prima para fabricar la cocaína, y decidieron apostarle al turismo sostenible, a proyectos agrícolas y artesanales, con la ayuda de la cooperación internacional y el acompañamiento de las entidades promotoras de turismo colombianas.

Unido a este propósito está Abraham Daza, de 70 años, quien antes vivía de la siembra de 2 hectáreas de coca. Animado por la masiva desmovilización guerrillera en 2016, organizó su finca para que nacionales y extranjeros accedieran a las majestuosas cascadas que pasan por sus tierras y que él mismo bautizó como «Las Delicias”. Algo impensable pocos años atrás.

«Yo mismo abrí las trochas con maquinaria prestada y construí un paso de cemento que permite llegar a las cascadas”, cuenta Abraham Daza. Se trata de una caída de agua de unos 27 metros, rodeada de vida silvestre, en donde se pasean micos, dantas y tigrillos.

Abraham cobra unos 3 dólares de entrada por persona y con esta ganancia surte su pequeña tienda en donde vende golosinas, cerveza, agua y bebidas gaseosas antes de comenzar la caminata. También se encarga de la limpieza de la zona, del mantenimiento y de reforestar su finca, impactada por la tala de selva para la siembra de pasto y cría de ganado.

Y es que la economía guaviarense está volcándose también a la ganadería para dejar de lado los cultivos ilícitos que estimulan el conflicto armado. Incluso algunos exguerrilleros de las FARC, que antes vivían del negocio del narcotráfico, ahora ven en el ganado una opción de vida. Pero el fenómeno se ha descontrolado con la quema y tala indiscriminada de selva, lo que está generando una amenazante deforestación.

«Las vacas se están tragando la amazonía”, dice Pedro Arenas, exalcalde de San José de Guaviare. Y aunque es positivo que las familias dejen los cultivos de coca y se dediquen a la ganadería, deben ser conscientes del impacto ambiental que genera la deforestación. Desde 2016 se ha casi duplicado la tenencia de ganado. Hoy se calculan 500 mil vacas en contraste con las 300 mil que había antes del proceso de paz, concluye Arenas.

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